USO DE LAS PLANTAS

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La Vall de Gallinera es un territorio con una gran biodiversidad vegetal, lo que ha propiciado a sus habitantes el poder hacer un uso amplio y diverso desde siempre. Las plantas como recurso natural han sido utilizadas para una gran diversidad de usos.

Aquí haremos referencia a los usos de las plantas silvestres que se crían en la Vall y que han sido y, aún hoy son, utilizadas por los humanos.

La etnobotánica es la ciencia que estudia la relación de las plantas con los humanos, y podemos decir que ha habido muchas personas que han investigado sobre el uso de las plantas. Mujeres y hombres que han sabido transmitir la tradición del uso de las plantas de generación en generación y así ha llegado a nuestros días. Hay que destacar la labor de Joan Pellicer y de Daniel Climent, personas que no sólo han rebuscado por los rincones de estas tierras, sino que además han sabido transmitir la tradición de los usos de las plantas de una manera apasionada.

La mayoría de las plantas silvestres han sido utilizadas de una manera u otra por las personas. Desde las más odiadas, competidoras de las cultivadas, hasta las más queridas por contener principios activos de gran valor para la medicina o la magia.

Para cocinar o calentarse, la leña de encina o roble junto a la de olivo y algarrobo son las más queridas. ¿Quién no ha tirado al fuego una rama de petorrera para escuchar cómo estalla la planta en medio de una risotada de todas las personas calentándose a la lumbre?

El esparto o el palmito se empleaban para construir capazos, cestas, alfombras, ramas de acebuche, fleje o ledonero para hacer vigas o maderas útiles para herrajes, horcas y cayados.

Algunas plantas como el durillo, el espino blanco o la retama se han utilizado para mantener setos entre cultivos, incluso la aulaga se emplea para proteger de los herbívoros a los cultivos más delicados.

El cerrillo se utilizaba para hacer las camas de los animales y también para proteger los cultivos del frío y para construir cavidades para las abejas.

Y, hablando de abejas, hay que remarcar el trabajo que realizan, yendo de flor en flor, no sólo para recoger néctar y polen y transformarlos en miel y otros productos tan preciados sino porque son responsables de la mayor parte de la polinización de las plantas, la formación de los frutos y de semillas, garantizando la reproducción de las especies. El apicultor ha sabido siempre buscar las hierbas en el momento de la floración para situar los buques en los lugares estratégicos para asegurar una recolección casi todo el año.

Romero y tomillo son las hierbas aromáticas más conocidas y apreciadas para las tisanas que nos reconfortan en pleno invierno; junto a la pebrella y la ajedrea, para adobar las aceitunas, o el raïmet de pastor que hacemos en salmuera.

Para curar heridas o quemaduras, la olivarda o el hipérico; para el dolor de estómago la manzanilla santolina, la melisa o el timón y el rabo de gato.

Algunas además de usos medicinales, tienen también usos culinarios como el orégano para la pasta, el romero para la paella y la carne a la brasa, la pebrella para el pescado blanco.

Así tantas y tantas hierbas medicinales, algunas tóxicas y muy poco utilizadas como la digital o la ruda, incluso algunas venenosas como la adelfa o el hediondo.

Pero hay que hacer una importante mención a las hierbas comestibles, empleadas especialmente para hervir y preparar verdura, para los minxos, la coca foradà o la coca de pasta bona, con unas migas de bacalao, morcilla o sobrasada. Cabe destacar la achicoria, la cerraja, la amapola, la lengua de vaca o la cosconilla. La amapola y la boca de dragón son excelentes también para hacer frituras con ajos para acompañar la carne o el pescado.

Incluso algunas pueden acompañar crudas las ensaladas, como la cerraja menuda, la boca de dragón o los espárragos, aunque éstos con tortilla quedan muy buenos también.

Pero también de algunas plantas se han recogido los frutos para comer: guindillas de pastor, cresta de gallo, serbal, ledoneros o madroños. Incluso las bellotas dulces de carrasca, o los dátiles del palmito, y de este también se comía el corazón.

Y por último, pero también importante, tenemos que hablar del uso que se hace y se ha hecho de las plantas, para deleitar los sentidos: los aromas para el olfato, los colores, la vista. La culminación de la belleza recae, sin duda, sobre las bellas orquídeas.

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