BENITAIA aparece con las variantes Benitahar, Benitaher, Benitaer, Benitalla y Benitaya. La encontramos documentada por primera vez en el Llibre de la col·lecta del morabatí de les valls de Gallinera i Ebo (1369). Del árabe /Bani Tàhir/, nombre de familia.

Se sitúa a 330 m de altitud, en el margen derecho de la rambla de Gallinera, y tiene 42 habitantes (2019).

Se asienta sobre una larga pero estrecha llanura o cerro en dirección este-oeste de unos 20-25 metros. El pueblo se desarrolla en tres cortas calles paralelas al valle: la calle de Baix, la de Dalt y la del Mig (la calle de abajo, la calle de arriba y la calle del medio).

Cerca de Benitaia, al lado del camino que lleva a la Foradada, se encuentran los restos del convento franciscano dedicado a san Andreu de la Muntanya, fundado por Carles de Borja y Centelles y Artemisa Doria, duques de Gandia, al día siguiente de la repoblación mallorquina del valle de Gallinera (11 de junio de 1611).

El convento de Sant Andreu de la Muntanya de la Vall de Gallinera se fundó el 12 de junio de 1611. Bajo el patronato de los duques de Gandia, concedieron a los franciscanos una pensión inicial de seiscientas libras, ciento cincuenta libras anuales y varias propiedades. Fue una comunidad reducida a lo largo de toda su historia, pero tuvo gran influencia en toda la zona de los valles del interior. Sabemos que en 1616 todavía no estaba terminado, pero tenemos constancia de la celebración de un matrimonio en 1620. Después fue el lugar habitual de las celebraciones de la confirmación en la Vall de Gallinera, por ser un lugar digno para recibir visitas episcopales y distinguidas (Joan Baptiste Basset pasó por el convento en 1705; Antoni Cavanilles se hospedó en este, y también Basilio Sebastián Castellanos, encargado de elaborar una memoria descriptiva del ducado de Gandia para el duque de Osuna, que pasó por la Vall entre 1851-1852).

Actualmente, después de una brutal transformación agraria, solo nos queda un recinto cuadrangular, el antiguo calvario con cipreses restaurado, el Frescatti, con una fuente de 1742 ―donde los frailes se sentaban para pasar las tardes de verano―, una imagen de madera de la Virgen de los Ángeles procedente del antiguo convento y una cancioncita que cantaban en el Porrat dels Àngels, todos los 2 de agosto («Oh, Reina dels Àngels! / Oh, Mare de Déu! / Guardeu-nos les terres / i al cel mos vorem!»), rescatada de la memoria de Rosalia Alemany Parets y Angelita Alemany Alemany, por Juanjo Ortolà.

No había milagros, ni tampoco reliquias valiosas que mencionar, pero se asentaron en un lugar mágico, donde se producía un prodigio natural: la alineación solar. Dos veces al año, alrededor de la fiesta de San Francisco de Asís (2,3,4 de octubre) y de Santa Francesca Romana (8, 9 y 10 de marzo), los rayos del sol pasan por dentro del arco de la Foradada (“Talaia de llum, arc tibant i ben traçat per l’atzar, ull fitant la mar, portal obert als solixents, les llunes i les brises marineres, la penya Foradada, grotesca, bella i gaudiniana”, Joan Pellicer), y van a parar al centro del que sería el antiguo claustro del convento. Cuando el observador mira al prodigio le viene a la memoria el pasaje bíblico del sueño de Jacob: “soñando, vio una escalera que unía el cielo con la Tierra (…) ¡qué venerable es este lugar! No es otra cosa sino la casa de Dios y esta es la puerta del cielo” (el Génesis, 28, 10-22). Y es entonces cuando se produce la revelación, esto era lo que querían decirnos…, durante el tiempo que dura el prodigio tomamos conciencia de una cosa importante, y es que este rincón del mundo privilegiado, recóndito y auténtico, merece ser querido como la antesala del cielo, por lo tanto, la puerta del paraíso.

Frente al convento, al otro lado del camino, encontramos la partida de la Cava, referida a la cava de los Puig, situada en la cañada de Benitaia. El pozo de nieve fue construido gracias a un establecimiento que le otorgó el duque de Gandia a Josep Bernat Puig (1635) que le permitió construir un horno de cal para construir la nevera y le otorgó diez jornales de tierra en la cañada de Benitaia. Este depósito ha desaparecido, pero el nombre ha quedado fosilizado en la toponimia.

Los Puig eran una familia de caballeros originaria de Ontinyent, dedicada al negocio de la nieve, que pasaron a servir a los duques de Gandia, fueron alcaides del castillo de Gallinera y se casaron en Pego. De hecho, los encontramos durante todo el siglo XVII domiciliados en Pego y en Benitaia, alternativamente. Bernat Josep Puig dejó en su testamento (1674) aceite para la lámpara del sagrario de Benissivà y promovió la repoblación de Benissivà, de finales del XVII. Todavía pervivió por mucho tiempo la presencia de la alcurnia en la Vall de Gallinera mediante una nieta de Bernat Puig i Pasqual, Vicenta Maria Pastor i Puig, casada con Vicent Tallada, de València.

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